Esto ocurrió cuando el Papa Francisco estaba hablando durante la Segunda Jornada de la Familia. En eso estaba cuando, sin que nadie se lo imaginara jamás, se acercó a él, Jean. Un niño de ocho años que caminó tranquilamente, pasó por su lado y se fue directo a sentar a la silla del Papa.

Los guardias trataron, en vano, de llamar la atención del niño para que saliera de ahí. Jean no entendía nada y se paró a abrazar al Papa. El sumo pontífice también lo abrazó y no fue ninguna molestia para nada.
No es primera vez que ocurre algo así a Francisco. El Papa tiene muy buena relación con todos los niños. Por esa razón es que se ha convertido en una persona muy querida por sus feligreses.
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