Aquí claramente gana el más fuerte y ¿astuto?
Éste perrito le robó la comida a su pequeño dueño. Y todo porque el pobre niño no calculó bien la jugada del can y no puso resistencia al compartir la comida.
Y todo el alboroto se armó porque el perrito quiso llevarse todo el bocado. Y ya era tarde, aún cuando el niño trató de evitarlo, la mascota fue más rápida y se engulló ¡todo!
Y si crees que con el llanto del niño el perro se sintió apenado…pues ya sabes, quizás el can también conoce el dicho «pancita llena, corazón contento».



Pobre bebé, nunca se lo esperó de su mejor amigo ¿Qué opinas?






